Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      

Boletines GI | Sólo TEXTO  

I N T E R N A C I O N A L

La Habana. 31 de julio de 2003

EL TERRORISMO Y LA SOCIEDAD CIVIL COMO INSTRUMENTOS DE LA POLÍTICA DE EE.UU. HACIA CUBA (V y final)
¿Quiénes eran los sancionados?

POR PHILIP AGEE

EL secuestro del ferry del puerto de La Habana, el Baraguá, no podría haber ocurrido en un peor momento. Fue el 7º secuestro en 7 meses y ocurrió el 2 de abril, un día antes del comienzo de los juicios de los disidentes, facilitando la tarea de los enemigos de Cuba, y de no pocos de sus amigos, de asociar los dos eventos dispares en una sola “ola de represión”.


El secuestro de la lancha
Baraguá, con unas 50 personas
a bordo incluyendo niños y
turistas extranjeros, parecía
constituir el comienzo de una ola
de hechos similares alentados
por la Ley de Ajuste Cubano.


El ferry no era más que una barcaza autopropulsada de bajo calado, con una cabina, segura sólo para las aguas calmas del puerto, y esa noche había a bordo unas 50 personas, incluyendo niños y turistas extranjeros. Los secuestradores armados la llevaron a alta mar con un peligrosísimo viento de fuerza 4, se les acabó el combustible, y amenazaron por radio con comenzar a echar a sus rehenes al agua si no se les daba suficiente combustible para llegar a la Florida. Lo extraordinario es cómo los guardacostas cubanos convencieron a los secuestradores para que aceptaran que se remolcara al ferry, que iba a la deriva, al puerto de Mariel, donde las fuerzas especiales montaron una trampa y los buzos se prepararon para el rescate. Después de muchas horas de enfrentamiento, todo terminó en menos de un minuto cuando una francesa repentinamente se lanzó al agua seguida masivamente por los demás rehenes y los secuestradores. Los rehenes fueron todos rescatados y los secuestradores fueron rápidamente detenidos.

En el juicio, el Estado solicitó, y obtuvo, la pena de muerte para los tres cabecillas del secuestro, decisión confirmada por una Corte de Apelaciones, porque se trataba de un acto terrorista de extrema gravedad, aunque nadie fue herido. Luego, el Consejo de Estado tenía que ratificar o conmutar la pena. ¿Debía Cuba terminar su moratoria de casi tres años de ejecuciones? ¿Debían provocar la condena del movimiento mundial contra la pena de muerte? ¿Debían demorar su decisión y dejar a esos individuos esperando en el corredor de la muerte durante un tiempo, no de 15 a 20 años como en EE.UU., sino por lo menos unas pocas semanas para no demostrar demasiada prisa? ¿O debían conmutar a prisión perpetua y mostrar clemencia?

Francamente, por oponerme a la pena de muerte, pensé que una combinación de las últimas dos alternativas sería lo mejor: esperar y conmutar. Pero yo no sabía que en ese momento las fuerzas de seguridad cubanas estaban investigando otros 29 complots de secuestros. Desde el punto de vista del Consejo de Estado seguramente parecía constituir el comienzo de una ola de secuestros, alentados como siempre por la Ley de Ajuste Cubano de 1966 y la política que discrimina contra todos los inmigrantes ilegales no cubanos. Particularmente insultante para Cuba es el tratamiento de héroes que han recibido los secuestradores en Florida y el hecho de que si un piloto lleva allí intencionalmente un avión y pasajeros, no es considerado como secuestrador y no es culpable de otra cosa que malversación de propiedad.

Si hay un principio al que Cuba siempre se ha adherido, por lo menos desde la crisis de los misiles de 1962, es el de no dar jamás a EE.UU. un pretexto para la acción militar. Otro éxodo de Mariel o una crisis de balseros, podría Cuba evitarlos. Pero una ola de secuestros constituiría precisamente un pretexto semejante, como razonó Fidel más adelante, para imponer un bloqueo naval de EE.UU., una campaña generalizada de bombardeos, y una invasión directa. Tenían que detener de inmediato los secuestros, y tenía razón. El 25 de abril, el Jefe del Buró Cubano del Departamento de Estado informó al Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, que Estados Unidos considera que cualquier nuevo secuestro constituiría una amenaza seria a la seguridad nacional de EE.UU. Entender que “uno más y tomamos una acción militar” no sería paranoia.

Pero el Consejo de Estado no tuvo que esperar esas noticias. Ya lo sabía. Ratificó las sentencias el 10 de abril, y fueron llevados a cabo a la mañana siguiente. Se puede encontrar defectos en la decisión cubana por el principio de “no a la pena de muerte bajo cualquier circunstancia”, pero el hecho es que Cuba es uno de los más de 100 países que la contemplan en su Legislación. Acababan de ver lo que las bombas y misiles de EE.UU. habían hecho con Bagdad, vieron que el meticuloso trabajo de dos generaciones de cubanos estaba en peligro, incluyendo sus centros de ciencia y tecnología, sus instituciones educacionales, hospitales y clínicas, su patrimonio cultural histórico, pero lo más importante era que miles de cubanos serían muertos o lisiados. Y no confundieron a los secuestradores con los disidentes. Eran delincuentes que se habían convertido en terroristas y que habían amenazado muchísimo más que a sus 50 rehenes.

No fue ninguna sorpresa para Cuba cuando, al ocurrir las ejecuciones y la condena de los disidentes casi al mismo tiempo, se desató el huracán en todo el mundo. Parecían estar preparados hasta cierto punto, pero se pudo sentir un cierto impacto cuando antiguos amigos de la Revolución, como Eduardo Galeano y José Saramago, se unieron al coro de condena. Se les agregaron Chomsky, Zinn, Albert, Davis, Dorfman, y otros, cuyas obras son tesoros en mi biblioteca, que firmaron la superficial declaración del grupo estadounidense Campaña por la Paz y la Democracia: “Nosotros los abajo firmantes protestamos enérgicamente contra la actual ola de represión en Cuba… (contra los disidentes)… por sus actividades políticas no violentas…” Como si los disidentes no fuesen lo mismo que terrorismo, embargo, y guerra psicológica como instrumentos de la interminable campaña de Washington para convertir a Cuba en otro vasallo de EE.UU. Si eso es lo que quieren para Cuba, allá ellos. Pero fue una lástima que hayan firmado sin pensar.

Unas pocas semanas después de las ejecuciones y los juicios de los disidentes, en la concentración del 1° de Mayo de más de un millón de personas en la Plaza de la Revolución en La Habana, el reverendo Lucius Walker, uno de los activistas más efectivos y dedicados de la solidaridad con Cuba en EE.UU., hizo un elegante llamado para que Cuba aboliera la pena de muerte. Fidel respondió con aprecio, diciendo sólo que se estaba estudiando una posibilidad futura. Pero menos de 3 semanas más tarde, otro grupo de 8 secuestradores armados, detenidos antes de que se apoderaran de un avión el 10 de abril, fueron juzgados y sentenciados. A pesar de su condena por terrorismo y violencia, los cabecillas fueron sentenciados a cadena perpetua y a los demás entre 20 y 30 años.

Los lectores notarán que no hemos considerado el importante aspecto legal y de derechos humanos del debido proceso en estas páginas. Entre las críticas, tanto del caso de los disidentes como del de los secuestradores, hubo imputaciones de que los acusados fueron condenados injustamente, sin darles la oportunidad de una defensa legal adecuada. El problema al confrontar este aspecto no ha sido facilitado por la falta de información publicada sobre los procesos. Por ejemplo, no he encontrado una cronología pública en ninguno de los 75 casos desde el momento del arresto hasta la apertura del proceso, que incluya fechas y horas para eventos como el arresto, la presentación de acusaciones, y las sesiones habidas por el acusado con un abogado defensor de preparación para el juicio. Tampoco han sido publicadas las acusaciones escritas ni la respuesta de los acusados y sus declaraciones, ni las decisiones de los jueces, con la excepción de las sentencias. Esta falta de información impide la evaluación del debido proceso.

Sin embargo, el Ministro de Relaciones Exteriores se esforzó por tratar esas críticas en su conferencia de prensa de más de tres horas el 7 de abril, subrayando los orígenes en la colonia española de los procedimientos del juicio sumario y su amplio uso en el mundo actual. También dijo que en los 29 juicios (algunos procesos tuvieron más de un acusado) participaron 54 abogados, de los cuales 44 fueron escogidos por los acusados y 10 nombrados como defensores públicos por los tribunales, agregando que varios abogados defendieron a más de un acusado. Lo más importante es que dijo que los acusados pudieron testimoniar ante el tribunal, respondiendo a las acusaciones y participando en las preguntas. Recalcó la cantidad de personas que pudieron asistir a los juicios, sobre todo familiares, con un promedio de 100 observadores por juicio. A pesar de ello, la falta de información completa sobre los procedimientos de la acusación y del juicio ha dejado la puerta abierta para las acusaciones de falta de un proceso debido, acusaciones que no podrán ser aclaradas hasta que los tribunales suministren más detalles.

EPILOGO

En Washington, a pesar del ojo morado que piensan que Cuba se ha dado, los partidarios en el Congreso de la Legislación para terminar o aligerar el embargo y abolir la prohibición de viajes se están movilizando nuevamente con la introducción de una nueva legislación con ese fin. Aunque la mayoría condenó los sucesos de abril, se están ateniendo a sus principios, sobre todo en la creencia de que los estadounidenses que vayan a Cuba van a cambiar a los cubanos. A través de los años he visto que ocurre exactamente lo contrario, pero el fin de la prohibición de viajar es ciertamente valioso, sea cual fuere la razón.

La Administración Bush, llena como está de cubano-estadounidenses de la línea dura, continúa aumentando la presión con la expulsión de 14 diplomáticos cubanos en Washington y Nueva York por vagas acusaciones de espionaje. Evidentemente es una decisión política, no de seguridad nacional: alguien en el FBI dejó filtrar la información de que la Casa Blanca parece haber dicho al Departamento de Estado que expulse a cubanos, y que el Departamento de Estado le pidió algunos nombres al FBI. La fuente del FBI agregó que ninguno de los cubanos había sido objeto de una investigación actual por espionaje. A la inversa, los representantes cubano-estadounidenses de Miami en el Congreso, Ros-Lehtinen y Díaz-Balart, se quejan abiertamente de que Bush no atiende sus llamados exigiendo un rápido fin del problema de Cuba de una vez por todas.

En Miami, todas esas ONGs que están chupando las tetillas de AID y de la NED para mantener funcionando su industria anticubana, junto con su confortable modo de vida, tendrán que volver a sus ordenadores y preparar nuevos planes para la Sociedad Civil en Cuba. Tendrán que buscar la manera de salvar sus frentes equivalentes en la Isla y más cubanos con pocos escrúpulos y suficientes instintos autodestructivos como para aceptar su dinero.

Aquí en La Habana, James Cason haría bien si se fuera disimuladamente para consultas, de vuelta al Departamento de Estado, y se jubilara silenciosamente. Después de todo, llevó a que 75 de “nuestros muchachos” fueran encerrados, algunos por bastante tiempo, y todo el dividendo propagandístico que resultó de su servicio a Reich no compensa de ninguna manera este hecho. Está liquidado en el Servicio Exterior, aunque estaba realizando las órdenes de Reich, porque Cason, no Reich, es el que va a pagar el precio. Pero, claro, podría ser que encontrara una jugosa nueva carrera anticubana con una de las ONGs de Miami.

En la Sección de Intereses de EE.UU., los funcionarios del Departamento de Estado, de AID y de la CIA tendrán que comenzar ahora la búsqueda de sangre fresca, enviando nombres y antecedentes para aprobación de seguridad sobre personas dispuestas a trabajar con las ONGs de Miami siguiendo los pasos de los 75, y el servicio de la seguridad cubana seguramente les ayudará con candidatos prometedores, como siempre lo ha hecho en el pasado.

¿Y NOSOTROS?

La amenaza de guerra contra Cuba por parte de Bush y su círculo de cruzados, todos ellos enloquecidos de pretensiones después de Iraq, es real. Una campaña militar contra Cuba, coincidiendo con la campaña electoral del 2004, ya iniciada, puede ser el único camino por el que Bush puede esperar que sea por fin elegido, aunque sólo sea para su segundo período. Y cada día que pasa la economía trabaja en su contra, sin indicios de que vaya a mejorar para el 2004. Sabe que la economía arruinó la campaña de reelección de su padre en 1992, y bien puede llegar a la conclusión de que el logro de su misión divina de extender el control militar de EE.UU. al mundo entero requerirá una crisis muy cerca de casa.

El momento de movilizarse contra esa guerra es ahora, y no se puede perder un solo día.

Boletines GI

IMPRIMIR ESTE MATERIAL


Director General: Frank Agüero Gómez. Director Editorial: Gabriel Molina Franchossi.
HOSPEDAJE: Teledatos-Cubaweb. La Habana
Granma Internacional Digital: http://www.granma.cu/

También en: http://granmai.cubaweb.com/

http://www.granmai.cubasi.cu/

Correo-E | Inglés | Francés | Portugués | Alemán | Italiano | REVISTAS
© Copyright. 1996-2003. Todos los derechos reservados. GRANMA INTERNACIONAL DIGITAL. Cuba.

Subir