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GENERALES MACEO Y BONACHEA
Ejemplos de lealtad e
intransigencia revolucionaria
POR RAUL RODRIGUEZ LA
O —especial para Granma Internacional—
LOS generales cubanos Antonio Maceo
Grajales y Ramón Leocadio Bonachea Hernández
constituyen un ejemplo de amor, lealtad, principios,
ética, disciplina e intransigencia revolucionaria a
favor de la independencia de Cuba.
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Antonio Maceo.

Ramón Leocadio
Bonachea. |
El primero nació el 14 de junio de
1845 en Santiago de Cuba y cayó combatiendo en La
Habana durante la tercera y última guerra contra
España, el 7 de diciembre de 1896. El segundo nació
en Santa Clara, el 9 de diciembre del mismo año de
1845, y tras ser hecho prisionero en diciembre de
1884 fue fusilado por los colonialistas españoles en
el Morro de Santiago, el 7 de marzo de 1885.
Ambos se opusieron rotundamente al
Pacto del Zanjón que puso fin a la primera guerra de
independencia de 1868 a 1878 al negarse a deponer
las armas, continuar combatiendo y manifestar sus
posiciones y actitudes por medio de la Protesta de
Baraguá, en la zona oriental de la Isla,
protagonizada por Maceo, el 15 de marzo de 1878, y
la Protesta de Hornos de Cal, Jarao, Sancti Spíritus,
por Bonachea, el 15 de abril de 1879.
Durante los preparativos de la
Guerra Chiquita (desarrollada desde agosto de 1879
hasta septiembre de 1880) tanto Maceo como Bonachea
se comprometieron con el general Calixto García,
quien era el jefe supremo de esa segunda contienda
independentista, para venir al frente de dos
expediciones armadas, pero lamentablemente no
pudieron cumplir sus deseos por razones ajenas a su
voluntad.
Estos dos destacados patriotas
cubanos estuvieron en la primera guerra de
independencia desde los momentos iniciales. Bonachea
era de familia acomodada y blanco. Maceo de origen
humilde, aunque no pobre, de raza negra. Los dos de
pensamiento y muy valientes y leales, hasta la
muerte, a la causa cubana.
Para Antonio Maceo los principios y
la honra eran como el oxígeno para la vida. Por eso
cuando lamentablemente y a pesar de sus
preocupaciones y las del general Bonachea, se
produjo la firma del Pacto del Zanjón en Camagüey,
el 10 de febrero de 1878, ambos lo rechazaron por
considerarlo indigno y contrario a los principios
revolucionarios y patrióticos por los que habían
combatido para alcanzar la independencia y abolir la
esclavitud.
En la zona oriental de la Isla,
Maceo convocó a la mayoría de los principales
oficiales y soldados de la revolución y juntos
decidieron rechazar ese ignominioso pacto y
continuar la lucha. Hecho protagonizado en una
reunión celebrada el 15 de marzo, del mismo año,
entre el bravo general y sus compañeros con el
general español Arsenio Martínez Campos, en Mangos
de Baraguá, en Santiago de Cuba, conocido desde
entonces como la "Protesta de Baraguá" y considerada
posteriormente por José Martí como "lo más glorioso
de nuestra historia".
Y, por su parte, el general Bonachea,
quien también se negó a aceptar el Pacto del Zanjón,
decidió seguir combatiendo junto a los hombres que
lo acompañaban con fuerzas de caballería en la zona
de la trocha militar, cerca de Morón. También se
reunió con el general Arsenio Martínez Campos y le
manifestó su disposición de continuar la lucha por
la independencia definitiva de Cuba. Se convirtió,
de hecho, en el último combatiente y oficial de
importancia de la guerra de 1868 que siguió
combatiendo tras los acuerdos del Zanjón y la salida
al extranjero de Maceo en misión de la revolución,
razón por lo cual Calixto García Iñiguez lo ascendió
a general con el objetivo de estimularlo y que
continuara alzado en los campos de Cuba en momentos
en que él al frente del Comité Revolucionario
Cubano, de Nueva York, preparaba la Guerra Chiquita.
Muy heroica fue la actitud de
Bonachea, ya que estuvo combatiendo en Cuba hasta el
15 de abril de 1879 cuando presionado y aconsejado
por los propios cubanos depuso las armas mediante la
Protesta de Hornos de Cal, en Jarao, Sanctí Spíritus,
protagonizada en esa fecha por él y sus hombres.
Ya en la emigración y desde su
llegada a Kingston, Jamaica, con su esposa e hijos,
Bonachea no descansó un minuto tratando de organizar
una expedición armada independentista que lo trajera
nuevamente a Cuba. Con esos fines y en campaña
proselitista y de propaganda recorrió gran parte de
los países del Caribe, Centroamérica y Estados
Unidos de Norteamérica en coordinación con el Comité
Revolucionario de Nueva York y el Club de
Independencia Número 1 de Cayo Hueso hasta que por
fin, burlando al espionaje español, pudo salir en
una expedición desde Montego Bay, Jamaica, el 30 de
noviembre de 1884, acompañado de 16 expedicionarios,
entre los cuales venían cuatro internacionalistas
griegos.
Arrastrados por los vientos
arribaron equivocadamente a las Coloradas, Belic,
Niquero, el 2 de diciembre. Delatados, fueron
apresados en el mar al día siguiente y conducidos a
Santiago de Cuba donde fueron juzgados y
sentenciados a muerte Bonachea y cuatro
expedicionarios, el resto junto a los griegos fueron
condenados a prisión, según todos los numerosos
documentos sobre Bonachea y sus actividades
revolucionarias, localizados por el autor en el
Archivo Histórico Nacional de Madrid, España.
En el caso de Antonio Maceo, tras
llegar a Kingston, en mayo de 1878, procedente de
Cuba y en misión del Gobierno Provisional en Armas,
fue también largo y heroico su peregrinaje por las
tierras de América, el Caribe y Estados Unidos.
Residió en Honduras (1881-1884), y en Costa Rica
(1891-1895). De esta última nación, cumpliendo
orientaciones de José Martí y Máximo Gómez, salió en
una expedición hacia Cuba bajo el mando del general
Flor Crombet. Los 23 patriotas que la integraban
pudieron desembarcar por Duaba, Baracoa, Guantánamo,
el 1 de abril de 1895. A partir de ese momento las
hazañas de Maceo recorrerían la Isla hasta su caída
en combate en La Habana, el 7 de diciembre de 1896,
cuando ostentaba el grado de Mayor General y segundo
jefe del Ejército Libertador de Cuba. |